25 de agosto, la noche cero

Becca con los ojos almendrados cada vez más vidriosos, aprobaba los juegos, como el último que recuerdo a plenitud, un plato con mezcla de todas las botellas que llevaban para compartir; los que estábamos en la fiesta bebimos un tanto en cada ronda. Todo se volvía un sacrificio de la sobriedad ante la diosa de otras tierras.

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Agotamiento inusitado

Este afán de saberlo todo. Esta necedad de aprovechar la luz en este día que se ha extendido por varios meses. Los ansiosos sabemos que hay que ser previsores, ir guardando frutos antes de que lleguen las lluvias o las sequías.

El pudor de ir al baño

Se busca la privacidad, el aislamiento del ruido y los olores. ¿Cuándo comenzamos a negar la mierda, si las necesidades fisiológicas se hacían en espacios abiertos sin importar siquiera la luz del día? Hoy lo más cercano a eso, sería tener que buscar el árbol que mejor oculte tu trasero

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